FÁRMACOS, ALCOHOL Y CONDUCCIÓN DE VEHÍCULOS.
La seguridad vial es el resultado de un delicado equilibrio entre muchas variables: las condiciones del conductor, del vehículo, de las calles y rutas, del tiempo metereológico, del tiempo cronológico…
Limitándonos al primer aspecto, el alcohol y algunos fármacos son capaces de influir negativamente sobre la rapidez de los reflejos del conductor y por lo tanto su propia capacidad de conducir.
Considerando que millones de personas al volante recorren cada día las calles del territorio argentino y que muchas de ellas se encuentran tomando medicamentos, por momentos, de todo tipo, es que nos damos cuenta de los problemas concretos.
Obviamente resultan más expuestos al riesgo de incidentes y accidentes, los conductores profesionales como por ejemplo los chóferes de auto-transporte, los que permanecen al volante durante muchas horas donde se someten a larguísimos y extenuantes viajes sin detención en condiciones de tráfico intenso. También el particular, conductor ocasional, está cada día más, bajo la influencia de ciertas sustancias que lo ponen en situación de riesgo a el, a sus acompañantes y demás personas.
FÁRMACOS
Los representantes de este grupo que mayormente son utilizados, que pueden dañar la capacidad de conducción, son aquellos que funcionan sobre el sistema nervioso produciendo sedación.
Los llamados tranquilizantes, bromazepan, diazepan, lorazepan, clordiazepóxido, clonazepan, triazolan, alprazolan, etc., son utilizados para controlar la ansiedad y son probablemente responsables del mayor número de incidentes, por su forma masiva de uso y automedicación. A menudo se cree que es necesaria una toma prolongada en el tiempo para lograr efectos apreciables sobre los reflejos, pero en realidad luego de la primera dosis, estos fármacos están en condiciones de influir sobre la capacidad de conducción por algunas horas.
Estudios al respecto demuestran que las personas que toman estos fármacos tienen 5 veces más riesgo de accidentes que las personas que no los reciben.
Se deberá tener en cuenta que dichas sustancias forman parte de medicamentos que son utilizados para trastornos gastrointestinales por alteración del sistema vegetativo.
Las personas, tratadas durante los primeros días deberían evitar conducir y de ser posible no realizar viajes prolongados o en condiciones de tráfico difícil.
También algunos medicamentos utilizados para la depresión (antidepresivos), durante las primeras tomas pueden inducir efectos sedativos e influir negativamente sobre la capacidad de conducción.
Algo a tener en cuenta es que el médico ante formas graves, deberá impedir bajo consejo profesional, la conducción automotor, ya que lo contraindica la misma enfermedad de la persona.
Igual discurso debe observarse en el caso de las personas que sufren enfermedades del sistema nervioso con alteraciones en el comportamiento o la aparición de alucinaciones y deben recibir antipsicóticos como risperidona, haloperidol, etc.
Al comienzo del tratamiento los fármacos antiepilépticos son capaces de causar somnolencia, sedación y sensación de aturdimiento comprometiendo sea la capacidad motora que cognitiva. Los pacientes epilépticos y hoy muchas personas que sin serlos, reciben este tipo de medicamentos por otras indicaciones, no deben conducir si manifiestan este tipo de efectos indeseables.
Los medicamentos empleados en la enfermedad de Parkinson pueden provocar somnolencia y sensación de aturdimiento. Algunos de manera particular (pramipexol, ropinirol, bromocriptina) están asociados con improvistos ataques de sueño (sueño irresistible en el que la persona no es conciente del hecho que está por dormirse), que es fatal para aquel que se encuentra al volante.
Los analgésicos más potentes (fentanilo, morfina, etc.) deprimen el sistema nervioso central y pueden alterar la capacidad de conducción de vehículos. Estudios recientes indican, sin embargo, que una vez estabilizada la dosis en el curso de una terapia prolongada, no influyen en la capacidad psicomotora de la persona.
Algunos analgésicos (piroxicam, indometacina, etc.), inclusive de venta libre contienen principios activos que de alguna manera en ciertas personas pueden causar una disminución de los reflejos con efectos negativos sobre la conducción de vehículos.
Los antihistamínicos que son utilizados en los procesos alérgicos (urticaria, rinitis, prurito generalizado, etc.) como también para evitar la nausea o el vómito en los viajes, también están presentes en muchos jarabes para controlar la tos y en ciertos descongestivos de la vía respiratoria. Con alguna pequeña diferencia entre ellos, son capaces de producir somnolencia y atontamiento.
Si bien los modernos antihistamínicos poseen menor capacidad sedativa, se debe tener en cuenta que, a igual dosis dos personas responderán de manera diferente debido a su idiosincrasia respecto al metabolismo de la histamina y sus receptores, lo que terminará produciendo una alteración menor o mayor del nivel de atención al conducir.
Las personas diabéticas en tratamiento con insulina y/o hipoglucemiantes orales, por causa de un uso incorrecto, o una variación brusca de la dieta (saltar o retrasar una comida), corren el riesgo de una disminución de la glucemia (hipoglucemia) que puede alterar la lucidez mental. Estas personas deben tener siempre a mano un tentempié para ingerir en el momento necesario.
Ciertos medicamentos hipotensores de la presión arterial, al comienzo de la terapéutica pueden producir bruscas caídas con vértigo y sensación de desvanecimiento.
Algunos antibióticos como las fluoroquinolonas (ciprofloxacina, levofloxacina), pueden causar vértigos comprometiendo el control del manejo de vehículos.
Ciertos colirios utilizados en el diagnóstico de problemas oculares o sistémicos (atropina), o terapéuticos (pilocarpina) para el glaucoma, dilatan la pupila y con ello provocan el nublamiento de la visión.
También los antiespasmódicos (hioscina, etc.) suministrados por vía parenteral pueden provocar la aparición de disturbios visuales.
Tener presente que las personas que se realizan estudios o tratamientos ambulatorios, no deben conducir luego de recibir medicamentos para tal fin, ya que muchos de ellos son “sedantes” que modifican por varias horas la capacidad de conducción de vehículos.
ALCOHOL
No es un fármaco.
Euforiza en primera instancia a quien lo ingiere para de continuar bebiendo, el alcohol producirá un efecto depresor sobre el sistema nervioso influyendo negativamente sobre la capacidad de conducción.
Ciertas personas (cada día más personas) piensan que si no se toma alcohol “no se divierten”. Creen que el alcohol “los ayudará a socializarse” y eventualmente asociarlo con alguna “pastilla”, les permitirá realizar situaciones que sin esos elementos no serían capaces de llevar a cabo.
A esta altura de los hechos, no se dan cuenta que una vez al volante el alcohol solo o “acompañado” producirá efectos devastantes y pondrán en riesgo su propia vida y la de los demás.
Otras personas piensan que luego de haber comido abundantemente, ciertas bebidas con baja gradación alcohólica les ayudará a producir una mejor digestión. Dos son los errores en este caso, comer mucho y tomar alcohol, por poco que parezca. Todo esto ayudado por la falsa creencia que al sentir euforia en los primeros momentos, se genera una engañosa sensación de seguridad. En realidad el alcohol “siempre” disminuye la rapidez de los reflejos, alterando la conducción. Compromete de hecho la capacidad de percibir en tiempo adecuado la distancia y el tiempo de frenado. La respuesta a los obstáculos se torna insuficiente y peligrosamente tardía.
La alcoholemia (niveles de alcohol en sangre) más a menudo riesgosa es la moderada, unos 50mg/dl (o sea, 3 vasos de vino, 2 jarras de cerveza o un vaso pequeño de Gancia) para provocar la disminución de los reflejos.
El alcohol por si solo es la causa de muchísimos accidentes viales, pero si la persona se encuentra recibiendo medicamentos prescriptos o automedicados, puede acaecer que el efecto “potenciador” de la mezcla no necesite de cantidades importantes de cada uno de ellos, sobre todo del alcohol.
CONCLUSIONES
Algunos fármacos, sobre todo durante las primeras tomas, provocan disturbios que pueden alterar el estado de vigilancia y resultar peligrosos para la tarea de conducir un vehículo.
Se deberá tener en cuenta que los efectos negativos de los fármacos tienden a aumentar en frecuencia y gravedad en las personas mayores.
Debido a que realizar un listado completo de los fármacos implicados en los efectos hasta aquí mencionados resultaría complejo, la forma de munirse de la información necesaria es solicitándole al médico y/o al farmacéutico si el medicamento en cuestión puede alterar la capacidad de conducción de vehículos.
Si se le solicitara prudencia en este sentido, también vale para la realización de cualquier otra tarea que implique riesgo de accidentes, incluso domésticos (ejemplo: subir una escalera).
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